lunes, 26 de julio de 2010

La Paja Literaria


Después de tener abandonado al blog durante un mes y pico, ahora he puesto dos entradas. Para los que no se dieron cuenta, hay otra entrada nueva antes de esta, se llama Las Mejores Alas.

Ahora sí, vamos a este post. A petición popular (jeje), dedicaré una entrada sobre una de las cosas que más me molestan: la paja en los libros.

Begoña, una seguidora del blog, me pidió que definiera el término. Ésto fue lo que le contesté: Para mí la paja son los detalles que no aportan nada a la historia, que sólo hacen la novela más gruesa. En mi opinión, el lector no tiene porqué saber cada detalle. Para mi gusto, el lector necesita espacio para la imaginación. Hay novelas que nos dicen cómo se bañó el personaje, el color de la blusa que trae puesta, qué comió en el desayuno, cuántos pasos dio antes de ir a lavarse los dientes. Para mí, esos detalles no aportan nada a la historia y cuando uno escribe hay que pensar las cosas: Si no enriquece tu historia, es paja y la paja debilita.

¿Se acuerdan de ese libro terrible que leí en Febrero y que mencioné en la entrada pasada? ¡¡La paja era el problema principal!! Otra vez, me rehuso a decir nombres, pero la idea de la historia no estaba mal, era algo original (por eso compré el libro); no obstante, la forma en que el autor decidió contar la historia echó todo a perder. ¿Por qué? Empezando por los personajes que eran el típico estereotipo, lo mismo de siempre: el prícipe azul perfecto (guapo, rico, caballeroso, que hace todo bien y se enamora de la chica común y corriente) y la chica común y corriente (huérfana, pobre, buena hasta más no poder, súper bonita, pero que no se da cuenta de su propia belleza). Y como los personajes eran sólo un estereotipo muy débil, la novela está rellena de paja para que los personajes y la historia fueran más "creíbles". Nos detalla cada vez que la protagonista se come una barra de granola o el shampoo que usa a la hora de bañarse, el color de las cortinas, lo que se puso ese día el protagonista, etc, etc. Fueron páginas y páginas que nada aportaban a la novela, que sólo la hacían más tediosa.

Habrá gente que necesite de cada detallito para imaginar una buena historia, para conectarse con los personajes, para entender el porqué de las cosas, sin embargo, yo me inclino a pensar que la literatura de calidad no puede estar llena de detalles inservibles.

Con best sellers como Harry Potter y Crepúsculo, la literatura inglesa y muy especialmente la norteamericana está de moda en la literatura juvenil y empieza a tener un gran peso en la nuestra. ¡Es muy diferente! La tradición de la literatura anglosajona es llenar el papel de detalles: "Show, don't tell" ("Muestra, no cuentes"). Ante tal frase, me atrevo a replicar: ¿No se trata de eso? ¿Acaso no es contar una historia el propósito de los libros?

Muchas obras en inglés (y traducciones en español) están llenas de detalles innecesarios y que en mi opinión hacen flojo al lector. ¿Por qué darle todo peladito y en la boca? Para mí es dudar de la capacidad que el lector tiene para imaginar. Esto lo digo porque también soy lectora y a mí me gusta mucho que me den un poco de libertad para imaginar, para visualizar las escenas en mi cabeza, para encontrar los gestos y movimientos de los personajes en mi cabeza.

Como escritora, por supuesto que deseo ver la evolución de mi trabajo, de mis letras, pero, cambiar mi estilo para seguir las tendencias y escribir novelas de ochocientas páginas llenas de detalles innecesarios acerca de lo que vistieron los personajes, cuántas veces fueron al baño, si se lavaron o no los dientes después de comer, qué tantos centímetros les crece el cabello por mes, en dónde se amarraron las agujetas de los tenis, etc, etc, etc, me parece una mala idea.

A veces, la paja es uno de los recursos más frecuentes en escritores que apenas empiezan. A mí también me pasó cuando comenzaba; pensaba que si no contaba absolutamente cada detallito, mi historia no estaría bien escrita y el lector no podría imaginarse la historia. Por usar tanta paja terminaba confundida y bastante frustrada por no poder acabar mi historia. Mi consejo es: no se hagan bolas (traducción para los que no viven en México: no se confundan, no se compliquen); aprendan a describir lo necesario para enriquecer su historia. Lean y relean lo que escriben y eliminen cosas que no aportan nada. ¡Muera la paja! Y que vivan los buenos libros.

domingo, 25 de julio de 2010

Las Mejores Alas


A principio de año, más o menos como en Febrero me topé con uno de los peores libros que he leído en toda mi vida. No, no estoy exagerando; aún después de estos meses, recuerdo lo terrible que fue leerlo completito (sí, por algún extraño motivo me obligué a terminarlo). No voy a decir nombres, ni del título ni del autor, sólo les doy una pista: estaba en inglés y lo leí en formato electrónico. Fue tan mala experiencia que hasta llegué a pensar "¿qué tal si no encuentro un libro bueno que leer nunca más? Sí, ahora me doy cuenta que pensar eso fue una exageración.

Lo raro fue que después de ese libro empecé a toparme con libros geniales. Contrario a lo que pensé (y fuera de ese libro horrible en Febrero), este año he tenido muy buena suerte con los libros que he leído, me he topado con historias excelentes como: Shiver (Temblor) de Maggie Stievfater, Maridos (una colección de cuentos genial) de Ángeles Mastretta, Los Hombres que No Amaban a las Mujeres de Stieg Larsson (los otros dos tomos de la trilogía también fueron buenos, pero para mí el primer libro fue mejor), I Am the Messenger de Markus Zusak (por aquí hay una reseña de esta novela), Olfato de Andrés Acosta, Siete Habitaciones A Oscuras (una colección de cuentros de terror) de varios autores mexicanos, Historia del Rey Transparente de Rosa Montero (éste es uno de los mejores libros que he leído en toda mi vida, muy, muy recomendable y espero poder hacer una reseña digna de este libro muy pronto).

Por último entre mi lista de libros buenos está uno que realmente resalta y que apenas acabo de terminar hoy. Se trata de Las Mejores Alas, del autor mexicano Antonio Malpica. El año pasado leí El Nombre de Cuautla y este año leí un cuento suyo en Siete Habitaciones A Oscuras, por eso puedo dar testimonio de que es un excelente autor; sus mejores cualidades son que escribe con una gran claridad y que sabe mantener el interés del lector en cada página. No hay una sola línea de más, no utiliza paja para rellenar la historia (¡Odio la paja!).

Al comprar Las Mejores Alas sabía que lo que leyera no me decepcionaría y no me equivoqué. Es una historia cortita que se lee en una tarde, cuya genialidad es hacer que el lector se ponga en los zapatos de otros y que entienda su mundo a la perfección. La historia trata de un niño de la calle llamado Gus y de las aventuras que vive con sus amigos, otros niños de la calle.

Cuando uno piensa en los niños de la calle, uno se imagina un mundo gris de pobreza y desolación, donde la felicidad y los sueños no son posibles. En esta novela se nos presenta a estos niños como seres humanos, capaces de soñar, de reír y de construir un mundo propio en donde se puede ser feliz. La historia está envuelta de luz, de color y de ternura, sin tener que recurrir a sentimentalismos para lograr su objetivo.

La mejor enseñanza del libro es para chicos y grandes: "Las mejores alas son las del corazón. Ésas no te las puede cortar nadie". ¡Cuánta sabiduría hay en esas palabras!